Un México para cerdos

Estoy harta de vivir en un México que se cae a pedazos.

Un México que está descompuesto socialmente, un México cuya sociedad sigue dependiendo de un gobierno paternalista, una sociedad que sigue teniendo la mentalidad del siglo XV.

Estoy cansada de trabajar horas y horas para seguir viviendo endeudad y más pobre que antes.

Estoy harta de la sociedad en la que vivo y en la que crecí, de la típica familia mexicana que espera que “Dios” o el “Gobierno” les resuelvan sus problemas. De que mi mamá crea que no puedo hacer “Cosas Imposibles” solo porque soy mujer y no tengo lo que los hombres tienen: “Valor”.

Cada día que pasa veo que este “jodido país” no avanza, que las ideas que se me inculcaron en la primaria respecto de los valores sociales y lo que hicieron las personas que participaron en “La Revolución” o en “La Guerra de Independencia”, esas ideas de independencia solo se quedaron grabadas en mí y en muy pocas personas que conozco que no nos conformamos con lo que tenemos sino que queremos más y mejores cosas, que luchamos todos los días contra un sistema social corrupto, envidioso, contra una sociedad que solo te quiere ver jodido, contra un aparato político envilecido de poder, contra personas conformistas de las cuales estoy hastiada.

Harta de gente que te critica porque tú no tienes las mismas ideas que la buena sociedad mexicana les han inculcado: tú hombre ten muchas mujeres y muchos hijos, sé un borracho y un golpeador de mujeres. Se machista. Tú mujer tienes el deber de agachar la cabeza cuando tu “marido” te golpea, debes ser la madre abnegada que cría hijos machistas e hijas que aguantarán lo tú aguantaste: humillaciones, malos tratos, violencia en todos sentidos, ultrajes, violaciones, que se te haga menos solo porque eres mujer y no mereces otra cosa que casarte y llenarte de hijos. Amén de lo que diga la Iglesia Católica y esta sociedad podrida.

Dirán algunos que la sociedad ya no piensa eso, pero se equivocan se sigue pensando. Siguen existiendo personas con esas actitudes que me aturden y me desesperan, actitudes que solo los hacen más mediocres. Me alegra que haya personas que sigan creyendo que el matrimonio es una forma de vida; pero me harta la frase “tendremos los hijos que “Dios” nos mande”. El planeta se acaba y siguen creyendo tonterías, ya no tenemos las oportunidades que la naturaleza antes nos daba, nuestros recursos naturales ya no son los mismos, debería darles miedo echar hijos al mundo porque el día de mañana quién sabe que vaya a ser de ellos. Tal vez el deshielo de los Polos inunde nuestras ciudades, nuestros campos, que lo cubra todo de agua y nuestros hijos mueran ahogados, todo porque cuando pudimos, nosotros nunca dejamos de contaminar, nunca eliminamos nuestros malos hábitos.

Esos malos hábitos que nunca se nos olvidarán ni erradicaremos nunca, una sociedad que depende de un gobierno, esa sociedad que en todos sentidos no tiene autonomía propia alguna, que no se respeta y no se quiere, que se humilla por un plato de comida, que no ha aprendido a ser independiente y no lo aprenderá por los siglos de los siglos. Que sigue olvidando su tan preciosa memoria histórica y política. Que sigue creyendo que la Televisión tiene toda la razón y que el deber del Gobierno es sacarlos de pobres, darles un empleo y crear “programas sociales” dónde te regalan “televisiones” para que te entretengas y no salgas a la calle dónde el mundo es muy diferente al que te muestran en tu programa favorito.

Pero existimos personas que si hemos salido a la calle,  que vemos “un México para Cerdos” el lugar en el que vivimos y en el que probablemente tengamos que morir. Yo no quiero vivir en México, quiero irme a cualquier parte del mundo en dónde si entiendan mi manera de pensar y no me critican ni me digan que eso no es lo que se debe hacer. Quiero un país en dónde la gente trabaje y no se la pase pidiendo dinero en las esquinas solo porque tienen flojera o porque realmente no tienen un empleo, quiero que mis impuestos contribuyan a mejorar mi país no a mantener a gente que comete delitos y que viven en una prisión para comodidad del Estado, no quiero más niños en las calles mendigando todo porque los padres no utilizaron un preservativo o porque la madre o el padre son tan inoperantes mentalmente que no pueden trabajar para mantenerlos.

Un México para cerdos es ese México en el que no quiero vivir, es ese México en el que vivo día con día, es ese México habitado por pseudo mexicanos, es aquel en el que todos vivimos pero nadie vive realmente. Un país en dónde su gente e instituciones desprecian al talento nacional, dónde nos volvemos malinchistas y despreciamos a quienes si tienen talento, repudiamos su buena estrella y los odiamos porque hacen algo que nosotros no: destacar; deslumbran con su talento en todo el mundo y nosotros morimos de envidia, criticamos sus ideas o su trabajo, lo menospreciamos. En fin nos volvemos malinchistas una vez más y para siempre. Odiamos a la persona extranjera porque ve lo malo que hay en nuestro país y nos dice las cosas buenas que existen en el suyo. Desprecio a todos los cerdos que viven en mi país, los odio así como ellos me odian a mí.

Los detesto porque gracias a ellos mi país es visto en el extranjero como un lugar lleno de mediocridad, corrupción y narcotráfico; en dónde el crimen no se castiga, un lugar de dónde huye la gente talentosa porque lamentablemente en mi país, en mi México no se les apoya.

Detesto la cerrazón mental, odio que se crea que la libertad vuelve libertinas a las personas, odio a todos aquellos que critican mi manera de pensar, que me repudian porque no me uno a su festival de “Buenas Costumbres”, porque les grito en la cara que su religión católica (la religión con más adeptos en México) esta llena de hipócritas, que dice mi mamá que los que van al templo son los peores.

En fin es México un  país para cerdos y así seguirá mientras no cambiemos nuestras maneras de pensar ni nuestras costumbres tan anticuadas e ilógicas en la mayoría de los casos.

Amén de todos los niños que están naciendo o que se están criando en estos momentos. Amén de mis sobrinos que viven y vivirán en este “México para Cerdos”.

De una mujer y ciudadana mexicana inconforme:

Brianda Vera

Un México para Cerdos

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